¿Quién tuvo la idea de tomar algo antes de comer para abrir el apetito? No hay un nombre al que podamos atribuirle el invento. El aperitivo no nació de una receta concreta, sino de una costumbre que fue cambiando con el tiempo.

Lo que sí sabemos es que llevamos siglos buscando una buena excusa para sentarnos un rato antes de la comida, tomar una bebida y acompañarla con algo de comer. En España, esa costumbre tiene una forma muy reconocible: una barra, un vermú, unas aceitunas y, por supuesto, unas patatas fritas para compartir.

El aperitivo viene de lejos

La palabra “aperitivo” procede del latín aperire, que significa “abrir”. La idea era precisamente esa: tomar una bebida o un pequeño bocado antes de la comida para estimular el apetito.

Los romanos ya acostumbraban a tomar bebidas aromatizadas con hierbas y especias antes de las comidas. Siglos después, en distintos lugares de Europa fueron apareciendo otras bebidas y costumbres asociadas a ese momento previo a sentarse a la mesa.

Cuando el vermú llegó a las barras

En España, el aperitivo fue adquiriendo su propia personalidad. El vermú se convirtió en uno de sus protagonistas y empezó a compartir mesa con aceitunas, encurtidos, embutidos, frutos secos, conservas y patatas fritas.

Y aquí está lo interesante: lo que comenzó como una pequeña costumbre para abrir el apetito acabó convirtiéndose en un momento en sí mismo. A veces dura diez minutos; otras, lo que iba a ser “un vermú rápido” termina alargando la mañana.

¿Y quién inventó las patatas fritas?

Tampoco aquí hay una respuesta definitiva. Bélgica y Francia mantienen desde hace años el debate sobre el origen de las patatas fritas, con distintas historias y referencias a su preparación.

Lo que nadie discute es su éxito. Crujientes, saladas y fáciles de compartir, encajan especialmente bien con la cultura del aperitivo. Además, la evolución del sector ha llevado a prestar mucha más atención a la calidad de la materia prima, los procesos de elaboración y los formatos de consumo.

Hoy el consumidor también busca productos que tengan algo detrás: buen sabor, ingredientes cuidados y una elaboración que se note cuando se abre la bolsa y llega el primer bocado.

Un buen aperitivo no necesita mucho

Hay combinaciones que funcionan precisamente porque no necesitan demasiadas explicaciones. Unas buenas patatas fritas, aceitunas, un poco de queso, una conserva y una bebida fría pueden montar una mesa estupenda en pocos minutos.

Y luego está lo más importante: tener con quién compartirla.

Porque, después de tantos siglos, el aperitivo sigue siendo una cosa bastante sencilla. Parar, picar algo, conversar y disfrutar del momento. Puede que nadie sepa quién lo inventó, pero generaciones enteras han sabido perfectamente qué hacer con él.